La Torá se dirige a Aarón y a
sus hijos para enseñarles leyes adicionales
relacionadas al servicio. Las cenizas del
"Korbán Olá" - el Korbán quemado en
el Altar a través de la noche - es removido del
área por el Kohen después de que se saca su ropa
de lino especial. La Olá es traída por
alguien que se olvidó de cumplir con un
mandamiento positivo de la Torá. El Kohen
retiene el cuero. El fuego en el Altar debe
arder constantemente. El "Korbán Minjá"
es una ofrenda de comida que está hecha de
harina, aceite y especias. Un puñado de esto se
quema en el Altar, y un Kohen come el resto
antes de que se fermente.
La Parashá describe los
Korbanot especiales ofrecidos por el
Kohen Gadol cada día, y por los hijos de
Aarón y sus futuros descendientes en el día de
su inauguración. Se describe el "Jatat",
el Korbán que se trae después de haber
cometido una transgresión accidental, las leyes
de la matanza y el esparcimiento de la sangre
del "Asham" y el "korbán por una
transgresión intencional" para ciertas
transgresiones. Se describen detalladamente los
"Shelamim", varias clases de Korbanot
de paz y la prohibición de dejar los restos de
la "Todá" (el Korbán de
agradecimiento) sin comer hasta la mañana.
Todos los sacrificios deben ser quemados después
de que ya no se los puede comer. Ningún
sacrificio puede ser comido si fue matado con la
intención de comerlo mas allá de
su tiempo prescrito.
Una vez que los Korbanot se hacen tamé
(ritualmente impuros) no pueden ser comidos y
deben ser quemados. Una persona no debe comer
un Korbán cuando ella misma está
ritualmente impura. Está prohibido comer la
sangre y el jelev (grasa o cebo) de un
animal. Se les da a Aarón y a sus hijos el
pecho y la parte de la pata entre la rodilla y
el tobillo de los "Korbanot Shelamim".
Se describe en detalle la ceremonia de
inauguración para Aarón, sus hijos, el
Mishkán y todos sus implementos.
ENTRELAZADOS
“Y
elevará la ceniza” (6:3)
A primera vista, hay
algunas cosas en el judaísmo que parecen muy
raras. Recuerdo a alguien que no era religioso
al momento de descubrir la halajá que dice que
hay que atar el zapato izquierdo antes que el
derecho. Esa persona me dijo: “La verdad es que
me cuesta creer que a D-os Le importe qué
zapato ato primero”.
Yo le podría haber
explicado que atamos primero los cordones del
zapato izquierdo en muestra de respeto a la tira
de cuero del tefilín que se pone en el brazo
izquierdo. Sin embargo, me di cuenta de que lo
que le molestaba era algo mucho más básico.
Los que nacimos en el mundo
occidental crecimos en un mundo en el que la
religión era una actividad de fin de semana. La
religión está compartimentalizada, igual que D-os.
Para la mente occidental, si hay un D-os, es
como un invitado de fin de semana. Cualquier
intrusión adicional en la vida es considerada
extremadamente fastidiosa.
En 1898, Lord Melbourne
señaló, tras oír un sermón evangelical: “Las
cosas han llegado a un estado tal en que se
permite que la religión invada la esfera de la
vida privada”.
Sin embargo, para el judío,
el judaísmo no constituye un pasatiempo. No es
un aspecto más de la vida. Para nosotros es
la vida.
El judío percibe cada
actividad como una oportunidad de acercarse a D-os.
Lo que comemos. Lo que pensamos. Lo que decimos.
Lo que hacemos. Lo que no hacemos. En este mundo,
nada está privado del potencial de
espiritualidad. Nada es neutro. Si el propósito
de la creación es que reconozcamos a D-os,
entonces todo debió haber sido creado con ese
fin. La alternativa sería que existen amplias
áreas de este mundo que no forman parte del
propósito de D-os, y que estaríamos acusando al
Amo del mundo de extremo descuido.
En el versículo citado, la
palabra hebrea que significa “ceniza” es
deshen. Deshen puede entenderse como
un acrónimo de davar shelo nejshav, “algo
sin importancia”. Cuando la Torá dice: “Y
elevará la ceniza”, nos está diciendo que
tomemos todo, incluso las cosas que nos parecen
insignificantes como cenizas, y las coloquemos
junto al altar. Elevar los pequeños pensamientos
de la vida, usándolos para servir a D-os. Porque
en este mundo no hay nada que no pueda
utilizarse para servir a D-os. Ni siquiera el
más humilde cordón de zapatos.
Admor Rabí
Tzvi HaKohen MiRiminov en Iturei Torá
LLEGAR A LA CIMA
“Separará las cenizas de lo que consumió el
fuego... y las colocará junto al altar” (6:3)
Si hubieses pasado años
enteros tomando clases de piano, te sentirías
muy desilusionado si una mañana te despertaras y
no pudieras tocar “Para Elisa”. Si hubieses
ahorrado un millón de dólares y los hubieses
depositado en el banco, te enojarías mucho si al
día siguiente el millón se hubiese esfumado...
Los logros físicos tienden
a no desaparecer de un día para otro. Sin
embargo, en lo que respecta a los logros
espirituales, cada día se empieza desde cero. No
se puede asumir que los triunfos espirituales de
ayer nos protejan de los desafíos de hoy. Cada
día trae su propio Everest espiritual que
escalar.
Suena difícil, ¿no?
Es
difícil.
Pero hay un consuelo.
Aunque cada día enfrentemos nuevamente nuestros
desafíos espirituales, nos hemos transformado en
un ser diferente. Y salimos a escalar esos picos
espirituales, no como éramos ayer a la mañana,
sino como una persona nueva.
Esta idea la podemos percibir al comienzo de la
parashá de esta semana: cada día el Kohen
quitaba las cenizas de la ofrenda diaria y las
colocaba en la base del altar. Milagrosamente,
las cenizas eran tragadas por el suelo alrededor
de la base del altar. Por lo tanto, la ofrenda
diaria era una ofrenda diferente cada día, pero
sus cenizas, la evidencia del servicio de ayer,
eran ahora parte integrante del altar sobre el
cual se llevaba a cabo el servicio.
Rabí Shimshon
Rafael Hirsch, Rabí Mordejai Perelman
PREGUNTAS AL
RABINO
Un
lector del estado de Tennessee (U.S.A) nos
pregunta:
Estimado Rabino:
Yo formo parte de una
sinagoga ortodoxa, a la que voy en auto en
Shabat. Sin embargo, una vez por mes nos
reunimos un grupo en la casa de un amigo en
nuestro barrio, para rezar en Shabat. Así
podemos gozar de un Shabat más completo que no
implica ir a la sinagoga manejando. En la casa
de este amigo, ponemos una mejitzá y por lo
general solemos formar un minián.
No obstante, no contamos con un Sefer Torá ni
tenemos intenciones de comprar uno. Mi pregunta
tiene que ver con el servicio de Torá. Algunos
piensan que deberíamos decir o cantar las
plegarias que no se refieren directamente al
Sefer Torá, salteando las que sí hacen
referencia directa. En otras palabras, decir las
plegarias Ein Kamoja, Av HaRajamim, Brij Shmei;
pero sin decir Vaihí Binsoa, Gadlú LaShem, etc.
También todos estamos de
acuerdo en que está bien cantar la Haftará. ¿Estamos
en lo correcto?
Estimado lector de Tennessee:
En primer término,
permítanme felicitarlos por los pasos que han
tomado, y desearles éxito.
Me di cuenta de que no
mencionaron la lectura de la Parashat ha Shavúa
(Porción de la Semana) de un libro. El Jafetz
Jaim sostiene que en las comunidades en las que
no se cuenta con un Sefer Torá, el Shalíaj
Tzibur (quien conduce el servicio) debe leer
en voz alta la porción de la Torá de un Jumash
ante toda la congregación, para que no “se
olvide” la ley de la Kriat HaTorá. Sin
embargo, si no se lee de un Rollo de la Torá no
se puede pronunciar la bendición de la lectura
de la Torá.
Ahora, en lo que se refiere
al tema de los rezos.
Aunque las plegarias
mencionadas durante el servicio de la Torá no
mencionen a la Torá, sin un Rollo de Torá se
pierde todo el sentido de esos rezos. La razón
por la que se incluyen dichas plegarias al sacar
y devolver la Torá es que el acto de sacar la
Torá despierta el amor Divino y hace que sea un
momento auspicioso para pedir compasión.
Tiene razón con respecto a
la Haftará, que inclusive sin una Torá se la
puede cantar, pero sin decir las bendiciones de
antes ni de después. Originariamente, las
lecturas de las haftarot fueron instituidas como
un substituto de la Kriat HaTorá en una
era en la que la lectura y el estudio de la Torá
habían sido prohibidos por una potencia
extranjera. Más tarde, la haftará fue
incorporada al servicio del Shabat a la mañana,
como un aditivo a la lectura del rollo de la
Torá. Por lo tanto, si no se cuenta con un Sefer
Torá, no se pueden decir las bendiciones de la
Haftará.
No es casualidad que los
servicios parezcan incompletos sin una Torá. El
Talmud enfatiza la tremenda santidad del Rollo
de la Torá, y el papel integral que juega en la
vida de la comunidad. Esa sensación de que
“falta algo” le está recordando a su comundidad
el camino que tiene por delante. Hacen muy bien
en empezar con lo que tienen, pero la
adquisición de una Torá debería constituir uno
de sus principales objetivos.
PD: Si alguno de nuestros
lectores sabe de un Sefer Torá que pudiera
prestársele o vendérsele a un precio razonable a
esta comunidad, les rogamos ponerse en contacto
con nosotros via e-mail.
Fuentes:
-
Jafetz Jaim Mishná Brurá 143:9
-
Ramá, Oraj Jaim 284:1
-
Talmud
Meguilá 26a-27b